El improbable retorno de la Derecha

*Oguer Reyes Guido

 

A juzgar por las constantes declaraciones triunfalistas de los líderes de la izquierda latinoamericana de hoy, la derecha en nuestra región es un capitulo cerrado en la historia de nuestra política contemporánea. Esta concepción que esconde una intención de debilitar a los partidos de derecha o centro derecha en sus respectivos países, o de al menos desmoralizarlos, está muy alejada de la realidad y el dinamismo propio de los sistemas políticos latinoamericanos que, si por algo se han caracteriado es por los cambios bruscos y repentinos.

 

 El nuevo Proyecto Nacional de la izquierda, tal y como lo redefine Dietrich Steffan, pasa por la conformación de bloques de poder hegemónicos y absolutistas que se maquillan con una retórica que fundamenta su interpretación histórica de los acontecimientos políticos actuales en nuestra región con una postura decididamente fatalista. Chávez en Venezuela, Correa en Ecuador, Morales en Bolivia , Mujica en Uruguay, Ortega en Nicaragua; cada uno de ellos parece estar completamente de acuerdo con las concepciones filosóficas de los exponentes del Fatalismo Moderno-- impulsado por los filósofos materialistas franceses como Diderot, Le mettrie y otros-- que afirma que la palabra libertad está vacía de significado y que los individuos no son otra cosa que aquello que conviene al Orden General, interpretado éste como el bien común que dicen todos ellos perseguir y al cual no parecen, en la práctica, dar los pasos más pequeños siquiera para alcanzarlo.  

 

El despertar de los pueblos latinoamericanos lo han interpretado como una profecía autocumplida; el divino anuncio del advenimiento de gobiernos progresistas (el progreso es una paradoja en sus discursos) que están destinados a cumplir una misión trascendental con la historia. Sin embargo, esa gran Misión a la cual se sienten todos ellos llamados como pastores irremplazables se ve completamente desdibujada y expuesta en toda su ridiculez y cinismo con los multiples escándalos de corrupción que han ensuciado la gestión de cada uno de estos presidentes.

 

Desde el actual escándalo de sobornos, y el asesinato de un importante empresario de una multinacional que había ganado un multimillonario contrato con el gobieno boliviano y que involucra al número dos del partido Movimiento al Socialismo (MAS), del presidente Evo Morales, pasando por la escandalosa renuncia del secretario privado durante más de quince años de la presidenta Cristina Fernández quien está siendo investigado por enriquecimiento ilícito ya que su patrimonio personal había crecido en un 756% en los últimos seis años; un procentaje directamente proporcional al que ha crecido la fortuna de los Kirchner. 

   

Los excesos por los que ayer se fustigaba a la derecha capitalista no son, al fin de cuentas, tan diferentes de los que se presentan bajo los gobiernos de izquierda. La corrupción permea hasta los niveles más bajos de sector empresarial en países como Ecuador en donde se investiga a un importante número de funcionarios públicos implicados en actos de sobornos y coimas para la autorización y funcionamiento de muchos Casinos desde el 2009. A propósito, ¿ sabrá alguien  cuánto costaron las plantas generadoras venezolanas que compró, tomó en arriendo, o en donación el gobierno de Nicaragua?

 

 Además de repetir patrones nefastos como el de la corrupción, los gobiernos de izquierda han deteriorado progresiva y sostenidamente las condiciones económicas que con tanto sacrificio se llegaron a sanear y recomponer en los años noventa como producto del brutal ajuste macroeconómico de la region latinoamericana. La inversión privada encuentra en la actualidad un clima de negocios cada vez más enrarecido y deteriorado en países como Venezuela, Bolivia y Nicaragua. Los presidentes que sa dan baños de multidud anunciando programas sociales y de ayuda (asistencialismo estéril) a los más pobres parecen ignorar que si el país no tiene una economía vigorosa el derroche oficialista no va a durar mucho y será insostenible en el corto plazo.

 

Cuando la situación económica y política que han venido propiciando en todos los países en donde gobierna la izquierda mesiánica toque fondo saldrá a luz el hartazgo de la sociedad por la falta de soluciones sistémicas. La izquierda no tendrá, en ese momento, más que excusas retóricas y, seguramente, encontrará mil y una justificaciones para exculparse del fracaso. Es por ello que el retorno de la derecha en América Latina es una cuestión de tiempo. Ya lo hemos visto en el caso chileno. Tanto la derecha como la izquierda gobiernan sin programa de largo plazo, es por esta razón que el cambio de polaridad política es una realidad cíclica en nuestra región.  

 

*El autor es especialista en Economía Gubernamental y Administración Financiera Pública.