La izquierda en Latinoamérica

Las tendencias de izquiera se entronizan en una nueva era de gobiernos latinoamericanos.

Por: Oguer Reyes 

El resurgimiento de las tendencias de izquierda en América Latina revela una preocupante realidad. Los gobiernos Neoliberales han fracasado ante el reto del desarrollo de la región; en gran medida gracias a la aplicación ciega del recetario macroeconómico diseñado al mejor estilo del Consenso de Washington.
 
En las dos últimas décadas, en la región han estado al mando gobiernos de derecha que se han obsesionado por mantener índices macroeconómicos aceptables ante el FMI; en detrimento del desarrollo interno con equidad.

Los índices macroeconómicos no alivian la pobreza-está demostrado- y tras años de crisis profundas los sectores marginados de la sociedad están pasando la factura a los gobiernos neoliberales.
 
¿Qué hay que esperar entonces de la izquierda latinoamericana de hoy? Lo primero, responsabilidad. No es posible ya, en la hora actual, estar apostando al populismo o a las estrategias de conducción económica que fracasaron en los años 80 y que a la mayoría de países- Nicaragua no fue la excepción- sumieron en horrendas crisis de deuda externa, insostenibilidad productiva, exterminio de la iniciativa privada e índices de hiperinflación.
 
La nueva misión de la izquierda latinoamericana progresista, representada por los gobiernos de Chile y Brasil es fomerntar el desarrollo económico y científico para que éste se traduzca en una mayor competitividad y capacidad productiva.

Manteniendo ritmos importantes y constantes de crecimiento económico el país generará por sí solo los recursos necesarios para impulsar iniciativas de desarrollo social y humano. Los programas de inversión social y desarrollo humano serán sustentables siempre y cuando descansen en una capacidad productiva creciente de la economía nacional.
 
Desafortunadamente en Nicaragua no es ese el estilo de la izquierda criolla. Nuestra izquierda está aferrada a modelos económicos caducos y de comprobada ineficacia. Los líderes de la izquierda tradicional nicaraguense acusan una grave incomprensión del entorno internacional y las nuevas reglas del juejo en el ámbito global.
 
Indudablemente en ciertos países latinoamericanos subsiste un problema profundo de desigualdad. Una brecha monumental entre ricos y pobres. Sin embargo, es irresponsable que la izquierda ortodoxa manipule esta realidad para con seducir con cantos de sirena y promesas populistas a esa inmensa mayoría de pobres y excluidos que hasta el momento son marginados y tratados friamente como simples estadísticas.
 
Una eventual integración en torno al eje duro de la izquierda ortodoxa en Latinoamérica(Venezuela, cuba, Bolivia y Nicaragua), con la corta visión  que tienen sus líderes  de las nuevas realidades continentales no haría más que llevar a una situación insostenible al subcontinente.

Es facil advertir este hecho con elementales deducciones lógicas: primeramente el gobierno encabezado por Daniel Ortega en Nicaragua dificilmente logrará algún acuerdo con el FMI para mantener los programas de ajuste estructural si se empeña en meter en la agenda económica sus políticas populistas insustentables.

Ahora bien, si el FMI retira sus programas la balanza de pagos de Nicaragua se desplomaría porque el país mantiene, hasta el día de hoy, sus balanzas comercial y de bienes deficitarias.

Nicaragua importa mucho más de lo que exporta. Ante esta realidad y sin el programa de ajuste del FMI no hay suficientes divisas para mantener el ritmo de las importaciones que alimentan el mercado interno. Ello implicaría sencillamente escasez, devaluación, inflación... y el resto de la historia ya la conocemos los nicarguenses.
 
De una manera general podemos decir que la nueva izquierda moderada de América Latina(como Chile y Brasil), trae una renovada visión de desarrollo, una novedosa propuesta alternativa al modelo neolibral. Empero, no debemos confundirla con los políticos o gobernantes populistas radicales y anacrónicos.

De la póbreza no se sale con un milagro. No fue un milagro que nos arrastró a la miseria, fueron las políticas y los líderes de los ochenta que aún en el 2007 intentan vendernos el guión del Socialismo del siglo 21 que no es más que un manual de desastres económicos cuya factura la pagarán, como siempre, los más pobres de nuestra región.

2006